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“Pero, ¿por qué está ustedes hirviendo una piedra? “Uno de los peregrinos responde: “para que podamos comer una sopa de piedras”. “Debe ser terriblemente insípida” dijo una anciana, “¡pero yo tengo un repollo que le añadirá sabor!” “Y yo, unas zanahorias, ¡que le añadirán color!”, dijo un aldeano. “¡Unas papas!” ofreció otro. Hasta que en breve, con la contribución de un poco por muchos, se creó un delicioso estofado con el que cenaron los aldeanos y los fatigados peregrinos. Y mientras lo hacían compartieron sus cuentos, talentos y camaradería a lo largo de la noche.
Hermanos Grimm, “La sopa de piedra”. (*Citado en Las Tic en las aulas, 2011[1])



El desarrollo profesional es un proceso a través del cual los docentes adquieren capacidades que les permiten desarrollar nuevas estrategias de aprendizaje. Sabemos que la capacitación docente en TIC debe contemplar formación sistemática inicial y permanente, pero además requiere instancias no formales que resultan igualmente enriquecedoras y fundamentales en un mundo que propone cambios y desafíos constantes.
Las experiencias de formación no formales requieren un esfuerzo de actualización, búsqueda, lectura, investigación y práctica tanto individual como colectiva. En este último aspecto la colaboración profesional adquiere un significado crucial.

Hay docentes que tienen vocación innovadora, actitud disruptiva y una enorme capacidad creativa. Muchos de los proyectos que generan estos docentes tienen gran potencial para replicarse por lo que es fundamental documentar la experiencia y compartirla. A partir de ella otros docentes podrán tomarla, resignificarla, contextualizarla, adaptarla y ponerla en marcha en sus aulas. 

La colaboración profesional puede darse en dos contextos:

Por un lado el que podríamos denominar “cerrado” o “interno”: implica colaboración intrainstitucional, es decir, al interior del centro educativo. Esta forma de trabajo en equipo  puede tener lugar en espacios no presenciales como wikis, sitios, reservorios o portafolios con experiencias documentadas, pero además incluye encuentros presenciales, es decir, reuniones grupales entre los docentes y el coordinador TIC en las que además de compartir recursos, ideas, y experiencias es posible exponer miedos, demandas, dificultades y dudas para recibir respuestas, contención y ayuda. Otro aspecto fundamental de la colaboración al interior del centro educativo es la posibilidad de desarrollar proyectos colaborativos entre aulas y/o transversales al currículum para lo que debe coordinarse el trabajo entre más de un docente.

Otro contexto es el “abierto” o “externo”: implica colaboración con otros docentes pertenecientes a otras instituciones sin límites de tiempos y espacios. Aquí el rol de la web es fundamental porque facilita el encuentro. Existen organizaciones que promueven proyectos colaborativos entre escuelas e instancias de conversación entre docentes como por ejemplo Red Telar en Argentina.

Otros entornos con gran potencial son las redes sociales especializadas y no especializadas:
Facebook y Twitter son dos entornos fundamentales para socializar, compartir y aprender. Existen grupos y páginas temáticas (Facebook) y listas o hashtags (Twitter) que organizan el flujo de contenidos por temas y generan encuentros entre personas con intereses u objetivos afines. Se trata de crear nuestra red de contactos profesionales que nos aporten contenidos relevantes, debates enriquecedores, ideas innovadoras y nos provean feedback a nuestros aportes.
Además existen interesantes opciones de portales y comunidades especializadas. En este caso es la misma red social la que por ser temática aglutina usuarios interesados, especializados y experimentados en los mismos temas. En esta línea Educ.ar, Educared, Docentes InnovadoresIneveryCREA son buenos ejemplos de espacios sociales que reúnen profesores y  académicos dispuestos a compartir recursos, ideas, proyectos y opiniones sobre en educación y tecnología, ofreciéndonos múltiples posibilidades de compartir, debatir y aprender sobre aquello que nos interesa.

En ambos contextos lo que se genera es comunidad, y toda comunidad es nada más y nada menos que un grupo de personas que comparten ideas, valores, significados, intereses, objetivos y proyectos. Las comunidades pueden ser más grandes (contextos abiertos) o más pequeñas (contextos cerrados) pero siempre resultan fuente de inteligencia colectiva, colaboración, solidaridad y pertenencia.

Post original publicado en IneveryCREA

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[1] Manso, Pérez, Libedinsky, Ligth, Garzón (2011), Las Tic en las aulas. Experiencias latinoamericanas. Editorial: Paidós. Buenos Aires.
El hipertexto no es de este siglo, su origen puede remontarse a mediados del siglo pasado cuando Vannevar Bush, jefe del Departamento de Investigación y Desarrollo Científico de EE.UU, buscaba una forma de texto no lineal más parecida a la forma de pensar del ser humano, es decir, por asociación. Sin embargo, la categoría “hipertexto” aparece por primera vez en 1965 y pertenece al filósofo y sociólogo Ted Nelson.

No obstante, aunque se trate de un producto del siglo pasado, con la explosión de Internet y la llegada de computadoras conectadas al aula, el desafío educativo es de este siglo.

La pedagoga argentina, Emilia Ferreiro (en Pasado y Presente de los verbos leer y escribir) afirma que "leer y escribir no tienen una definición unívoca, son construcciones sociales. Cada época y cada circunstancia histórica dan nuevos sentidos a estos verbos". Sin dudas, el hipertexto viene a interpelar los conceptos tradicionales de lectura y escritura.

En informática, el hipertexto es un texto que permite conducir a otro texto, la forma más común es a través de hipervínculos. La web presenta esta forma de texto en muchos de sus sitios y páginas. Sin embargo, debemos aclarar que no todo texto digital u online es un hipertexto, es condición la existencia de enlaces. Maravillosamente definido por Callister y Burbules, (en Educación Riesgos y Promesas, 2001), el hipertexto “es el estado del sueño posestructuralista: un bricolaje ilimitado de fragmentos y piezas que pueden reunirse entre sí formando asociaciones nuevas e impredecibles”.

Leer y escribir hipertexto son desafíos cognitivos. Escribir de forma hipertextuada implica la capacidad de enriquecer un texto y proponer alternativas de lectura, una tarea compleja y trabajosa que requiere creatividad y práctica. Todo texto puede ser enriquecido con un enlace. Escribir hipertexto es mucho más que “insertar hipervínculos”, aunque ello es un buen primer paso. Hablamos de una nueva narrativa, de abrir caminos posibles a un lector activo, de desafiarlo a hacer su propio recorrido.

La lectura de un hipertexto requiere flexibilidad cognitiva, concentración, tolerancia de la ambigüedad. La falta de linealidad puede parecer excesivamente compleja y hasta caótica para lectores inexpertos. No obstante, se trata de una lectura dinámica, interactiva y personalizada. Cada lector hace su propio texto, algo que nos propone Cortázar en Rayuela, y que tuvo su propuesta para niños en la famosa saga de libros-juego Choose your Own Adventure. Así la lectura es más activa que nunca, inaugurando una particular relación autor-lector como la que propone la “Obra abierta” de Humberto Eco. “Obras en movimiento” inacabadas en las que el lector es creador porque “el hipertexto no tiene centro… cualquiera que use el hipertexto convierte a sus propios intereses en el principio organizador” (Delaney y Landow en Hipertext, hipermedia anda literary studies).

La preocupación por la lectura superficial, desordenada, por la dispersión y la falta de profundización al navegar entre enlaces que llevan a otros enlaces ya la había planteado Nicholas Carr en 2008 con su artículo ¿Google nos hace más estúpidos? y lo profundiza con su libro Superficiales donde advierte que “el libro impreso servía para centrar nuestra atención, fomentando el pensamiento profundo y creativo mientras que  Internet fomenta el picoteo rápido y distraído de pequeños fragmentos de información de muchas fuentes”. El debate está abierto.

Quizás será cuestión de entender como afirma Emilia Ferreiro que los verbos leer y escribir evolucionan con el transcurso de la historia, que las tecnologías de lectura y escritura afectan dicha evolución, y que los cambios cognitivos y en nuestra estructura de pensamiento que de ello se desprendan aún son inciertos. Lo que no podemos negar es el desafío educativo que el hipertexto nos presenta.

Post original publicado en IneveryCREA

"Los nuevos maestros definitivamente, no podrán responder a la mayoría de las preguntas formuladas por los miembros de la Generación Einstein. En cambio podrán contribuir a mejorar la calidad de las preguntas formuladas"

Si hay algo necesario y urgente en educación es replantearse el rol docente ante un nuevo paradigma que nos interpela.

Pero no se trata de preguntarse si el docente será más o menos importante o si lo reemplazarán las máquinas, esa pregunta carece de valor y sentido, por lo menos no lo tiene en un mediano plazo. Arthur C. Clarke ya decía para cerrar este debate: “Un profesor que puede ser sustituido por una máquina debe ser sustituido”. La cuestión es pensar cuál es el lugar que el docente debe ocupar cuando entran en escena nuevos medios, nueva tecnologías, nuevas fuentes de información, nuevos agentes de conocimiento y las tradicionales jerarquías relacionadas con el saber cambian.

La experiencia de educación mínimamente invasiva llamada "Agujero en la pared"  y realizada entre 1999 y 2004 en un pueblo de la India nos permite analizar esta cuestión. Sugata Mitra empotró una computadora en una pared  para comprobar si los niños se auto-instruyen en un entorno conectado sin intervención adulta. Lo que se comprobó es que la condición de "nativo digital" es aplicable más allá del contexto: los niños aprendieron de forma intuitiva a navegar, ver videos, jugar y otras funciones básicas. Sin embargo, sabemos que estar alfabetizado digitalmente demanda un conjunto de habilidades más complejas y de orden superior para las que la intervención de un docente es clave.
Raúl Trejo Delarbe dijo en 2009: “Ensayos como éste permiten constatar la capacidad intuitiva de los niños para apropiarse de las nuevas tecnologías, pero ello no indica necesariamente que sean capaces de obtener sin orientación previa conocimientos científicos y humanísticos y mucho menos producirlos". Los niños deben apropiarse de las tecnologías de forma crítica, poder utilizar la información para adquirir y producir conocimientos, y finalmente asumir una relación responsable y segura con las mismas.
Ese docente tradicional con el manual o libro de texto en mano que lo sabe todo y que como agente trasmisor por excelencia de un saber configurado en niveles superiores de los que es ajeno  (comunidad científica) transfiere y deposita conocimientos en las mentes de sus alumnos, ese docente -lo sabemos todos- ya no tiene cabida.
Las fuentes de información son tantas y tan variadas que ya no se trata de “poseer” y transmitir la información sino saber buscarla, seleccionarla, interpretarla, construir y producir a partir de ella. La relación con los nuevos medios, entornos, dispositivos y herramientas tecnológicas debe trascender su uso intuitivo, por lo que el docente cumple un rol de guía, mediador y facilitador. Además sabemos que información no es conocimiento y allí es donde radica el rol docente: fomentar el uso crítico de la información y mediar en la construcción de conocimiento a partir de ella.
Finalmente, si bien hay una nueva relación pedagógica entre el alumno y el docente, en la que se interpelan antiguas jerarquías disminuyendo las asimetrías tradicionales, el docente sigue cumpliendo un rol fundamental en la formación de los niños. 

“Dejar todas las necesidades formativas al autoaprendizaje y la experimentación informal no es una actitud responsable por parte de las instituciones educativas (…) se requiere guía y tutorización en los procesos cognitivos complejos” Tiscar Lara, 2009