Hacer visible el pensamiento

Hacer visible el pensamiento, (versión original en inglés) es uno de esos libros que no dejan alternativa: pensar sobre cómo educamos o cerrar el libro.
No me propongo aquí hacer una reseña, mucho menos un resumen detallado y riguroso, sino dejarles algunas ideas principales y comentarios a partir de la lectura de este interesante trabajo.

Los autores, investigadores de Project Zero (Hardvard), ofrecen claves, experiencias y reflexiones para aquellos docentes que se propongan como objetivo que sus alumnos aprendan a pensar. Al referirse a este libro el mismo David Perkins afirma: "Nos gustaría que los jóvenes, y obviamente los adultos, estuvieran alertas y fueran pensantes en los momentos en que escuchan rumores infundados, cuando tienen que hacerle frente a una situación difícil (...) o escuchan los discursos envolventes de los políticos en la televisión. Sin embargo, la investigación, tanto nuestra como de otros, ha demostrado que en la mayoría de los casos, la gente es indiferente ante situaciones que invitan a pensar".

En general los docentes están preocupados porque sus alumnos piensen. Sin embargo las presiones de día a día escolar y, en algunos casos, la falta de puesta en práctica de hábitos tendientes a promover el pensamiento, obstaculizan que esa meta se consiga.
Enseñar a pensar es un desafío enorme. Es muy difícil saber cómo una persona construyó una idea, "no escuchamos el pensamiento de otros, sólo su resultado, expresado como una idea" (David Perkins), pero tampoco solemos ser conscientes de nuestros propios pensamientos, es decir de la forma en la que llegamos a conclusiones, resolvemos problemas, tomamos posición o construimos una idea. El desafío es entonces: hacer visible el pensamiento, para promover una cultura del pensamiento en el aula. Algo que no sólo favorecerá el desarrollo de las habilidades de pensamiento de los alumnos permitiendo la comprensión, sino que además y por consiguiente favorecerá el desarrollo de su autonomía.

La comprensión es, para los autores, el resultado de una suerte de "movimientos del pensamiento" que los autores enumeran:
  • Observar y describir
  • Construir explicaciones e interpretaciones
  • Razonar con evidencia
  • Establecer conexiones
  • Tener en cuenta diferentes puntos de vista y perspectivas
  • Captar lo esencial y llegar a conclusiones
  • Preguntarse y hacer preguntas
  • Descubrir la complejidad e ir más allá de la superficie
En todos estos tipos de pensamientos deberían estar involucrados los alumnos a lo largo de una unidad didáctica, por eso tenerlos en cuenta es fundamental a la hora de pensar una propuesta de aprendizaje, así como a la hora de valorar la compresión.

Los autores sostienen que el docente debe: crear oportunidades para pensar, es decir, establecer el contexto para hacer visible el pensamiento.

Estas oportunidades pueden generarse a través de algunas prácticas tales como cuestionar, es decir realizar preguntas abiertas enfocadas hacia la comprensión, sin respuesta predeterminada (auténticas), que promuevan la indagación y el descubrimiento (generativas). La pregunta ¿Qué te hace decir eso? es simple y al mismo tiempo lo suficientemente potente como para hacer visible el pensamiento. Otras prácticas fundamentales son escuchar y documentar. La documentación es importante para hacer visible el pensamiento, porque no se trata sólo de registrar producciones sino de dar cuenta del proceso, las discusiones, las preguntas, los debates, todo aquello que sucede en el aula que hace avanzar el aprendizaje. Pero en este sentido los autores van más allá: la documentación no sólo sirve para captar el proceso de aprendizaje, sino para avanzar en el aprendizaje y para valorarlo. Cuando los docentes dan importancia a las ideas y formas de construcción, están enviando el mensaje de que ese proceso tiene valor y esas ideas deben ser exploradas y examinadas.

El enfoque que presentan los autores se posiciona en una forma de enseñar a aprender donde los alumnos están en el centro y deben comprometerse con la tarea, donde se valora principalmente el proceso frente a los resultados y donde el rol docente es clave para guiar a los estudiantes en el desarrollo de sus habilidades de pensamiento, así como para construir hábitos compartidos, es decir una cultura de pensamiento en el aula, que podrán trasladar a otros contextos de sus vidas.

Para cerrar esta primera parte sobre el trabajo de Ritchhart, Church y Morrison, y siendo fiel a su forma de entender el pensamiento, me quedo entonces con una pregunta:
A partir de la famosa frase de Vigotsky (1978) "Los niños crecen en la vida intelectual de quienes los rodean", los autores se hacen un interrogante muy interesante: ¿qué tipo de vida intelectual estamos presentando a los estudiantes en nuestra aulas?